Noticias desde Brasil sobre el “apagón mental” que padecemos

 

 

Miguel del Río | 22.06.2026


 

 

 

 

Me hago eco de una tragedia propiciada por instructores de puenting, que se defienden de la muerte de una joven a la que no colocaron sujeción de seguridad alguna en su caída al vacío. Se defienden diciendo que tuvieron un “apagón mental”. Voy a extender esta sandez a muchas de las cosas que pasan. Permitiendo malas conductas y acciones, bien se puede hablar de ese apagón, ante una falta de reacción social. No debería existir indiferencia ante asesinatos, temeridades, agresiones, intimidaciones, mentiras, corrupciones o malversar el dinero público. La permisividad de hoy será el ir a mejor o peor en el futuro.

 

Con la muerte en Brasil de una joven de 21 años, arrojada al vacío desde un puente, sin cuerda de sujeción alguna, por sus instructores de puenting, y tras la explicación de quienes han propiciado este homicidio, sobre que tuvieron un “apagón mental”, ahora entiendo un poco más lo que le pasa a este mundo de egocéntricos, listillos y sinvergüenzas por doquier.

La fallecida se llama María Eduarda Rodrígues de Freitas, profesora de educación física. Era la primera vez que llevaba a cabo este salto, conocido como rope jump. Consiste en arrojarse desde un puente, atado con una cuerda, no con gomas elásticas. La pobrecilla no tenía por seguridad ni una cosa ni la otra, al igual que tampoco tienen cerebro los que la tiraron desde 40 metros de altura, equivalente a 15 pisos, porque los muy estúpidos olvidaron atarla a esa maldita cuerda.

Para apagón total, el eléctrico que hubo en España, el 28 de abril de 2025. Ha transcurrido un año y el Gobierno aún no ha dado explicaciones. Si los gobernantes se comportan así, a nadie le puede extrañar que unos malos profesionales le digan a un juez no recordar dónde ni cuándo ocurrió el fallo, ni quien debería haber controlado la seguridad de María Eduarda, ya que “sufrieron un desmayo, un apagón mental”. Desde luego, las imágenes grabadas en redes sociales vienen a demostrar todo lo contrario. Pero se atreven a mentir y a decir imbecilidades, como si en el momento actual todo valiera de cara a librarse de asesinatos, temeridades, robos, peleas, agresiones, intimidaciones, corrupciones y disculparlas, falsedades o malversar dinero público, y los demás tuviéramos que ver normal semejantes barrabasadas.

El apagón mental existe dentro de la ciencia. Las investigaciones neurocientíficas lo denominan mind blanking. Es como si tu mente dijera basta, saturada de estrés y problemas, y decide desconectarse. Parece que los instructores brasileños de puenting tienen más conocimiento de nuestro sistema nervioso que de propiciar a sus clientes la debida seguridad en la práctica de un deporte de riesgo, como el que decidió contratar la joven fallecida. Tenía toda una vida por delante, truncada por unos insensatos, con los que hoy nos topamos en todos los campos, ante lo cual no pasa nada, no tiene consecuencias. Es como si también se estuviera dando un parón mental de carácter social y global.

Esto último que digo es lo realmente estremecedor. No actuamos ni nos movilizamos. Permitimos todo. España es hoy uno de los peores ejemplos en comportamientos. Hay ocasiones en que lo trato con amigos, conocidos y lectores. Me apostillan que la gente solo está a lo suyo, y como que todo lo demás les es indiferente. Preocupa especialmente la juventud, abducida como está por las tecnologías, lo buenas que son para mucho, pero también lo que atontan a la hora de dar la cara en esfuerzo, reivindicación, denuncia necesaria, y no digamos defensa de derechos. Dejamos hacer, aunque la gestión política, económica, social, rural, de medios de comunicación públicos, sea deficiente. Ante los malos comportamientos que proliferan no puede haber apagón mental alguno. Si como es el caso, la ciudadanía baja la guardia, desde los diferentes poderes pueden darse las mayores tropelías, que en absoluto deben ser asumidas con indiferencia.

Hoy, además, en todo lo referido a la información, ha entrado en escena una peligrosa tendencia, la de mentir. Una noticia no se pude contar de seis formas diferentes, según la televisión o radio sintonizada, o el digital seleccionado. Las malas formas y comportamientos actuales están generando un gran desapego de los ciudadanos hacia los medios. ¿Para qué voy a ver o escuchar los informativos si no responden a credibilidad alguna? Sencillamente, no hay ejemplo.Y en este ambiente se forman y crecen unas nuevas generaciones que detestan muchos de los comportamientos que ven en sus mayores.

Me gusta saber lo que supone y cómo piensa cada generación. La Silenciosa (1928-1945), la Baby Boomers (1946-1964), la X (1965-1980), los Millennials o Y (1981-1996), la Z o Centennials (1997-2012), la Alfa (2013-2024) y la Beta (2025-2039). Dentro de esta última, la Inteligencia Artificial estará integrada totalmente en la sociedad. Según los expertos, será así en el colegio, en el trabajo, el ocio, la atención sanitaria y, por supuesto, en las compras. Me congratula conocer que los Beta contarán con una educación digital más responsable, y sabrán lo que es mantener el equilibrio entre la máquina y la identidad y creatividad de la persona.

La expectativa es que “crezcan con una mente más global, sean muy comunitarios y defiendan el valor de la colaboración como nunca antes”. Estos tres pilares constituirán su fuerza a la hora de enfrentarse a los problemas que surjan y rechazar a quienes los generen. Ojalá no se equivoquen en tales predicciones. Para que nadie en ese nuevo periodo de la historia pueda estar haciéndolo rematadamente mal, en el lado ilegal, y se escude en un falso apagón mental. Serán tiempos en que se volverá a levantar la voz.

 

 

Miguel del Río