COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO
LA REVELACIÓN Y LA FE; COMO DON DE LUZ
“REENCONTRARSE ES ENCONTRARSE, EN LA MIRADA DE JESÚS: No hay mejor hallazgo que verse, para reconocerse y conocerse con el pulso omnipotente, como parte del poema celeste que florecemos, cuando se comparte y acoge la gracia divina. Lo culminante es atender y entender su llamada, cultivar el níveo querer y dejarnos cautivar por el Señor de la fortaleza, con la fidelidad del verbo al místico verso. Cristo cuenta con nuestra debilidad, para hacer su obra perfecta y elevarnos.”

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 22.08.2026
I.- EL AUTÉNTICO LAZO DEL VÍNCULO;
ESTÁ EN EL HIJO DE DIOS VIVOSomos seres de relación y acción viva,
de conjunción de pulsos y unción ágil;
nos mueve el contemplativo recogerse,
para observarnos y dejarnos encauzar,
por la mudez de la cruz que nos rodea.El Señor nos nombra en cada renacer,
nos señala la verdadera senda a seguir,
nos marca los pasos y sus semblanzas,
para que podamos discernir la certeza
del engaño y tomar el carril sin recelo.Vivir es un asiduo renuevo existencial,
una imborrable búsqueda del Salvador,
una constante invocación al encuentro,
como forma de anidar al lado de Jesús,
pujanza que conforta en el sufrimiento.
II.- CORRELACIÓN BEATÍFICA Y HUMANA;
GRACIAS A LA PIEDAD DEL HIJO DE DIOS VIVOLa creencia que todo lo brota y retoña,
tiene como una reforzada corpulencia;
la del abrazo con el brazo en analogía,
porque nuestra semejanza mora en ser,
un ser para los demás y con la verdad.Bajo este soplo de comunión y unidad,
hecho con apego y tallado con el amar,
nada se resiste y todo se insiste en paz,
porque el hallazgo celeste nos alberga;
como obra de Cristo, no obra humana.Pongámonos en guardia para sentirnos,
escuchemos su voz en nuestro silencio,
sigamos sus huellas a corazón abierto,
no decaigamos y tomemos sus labores,
como proclama de confianza en Jesús.
III.- HOY, COMO AYER Y MAÑANA;
EL HIJO DE DIOS VIVO NOS VIVEAnte el haz de noches que nos cercan,
el recuerdo vivencial de nuestro Dios,
nos irradia de afecto las tristes franjas,
revelado en la efusión de Cristo Jesús,
que ha sido capaz de batir a la muerte.La fe en Cristo nos salva porque en él,
la vida se abre a un amor que nos vive
y nos voltea, volviéndonos a la gloria,
trabajando en nosotros y con nosotros,
sólo hay que sentirse unido y adorarle.Las huellas exaltan los florecimientos,
nos instan a entrar en afán observador,
bajo el desvelo del brío reconciliador,
que nos proyecta hacia el futuro reino,
y nos predispone a ir con la esperanza.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
22 de agosto de 2026