COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

UNIDOS; A QUIEN LO ES TODO

 

 

“SIN ÉL; NADA SOMOS: Jesucristo se refiere a sí mismo, narra los atributos etéreos de habitar en nosotros, como verdadero Dios y verdadero hombre. Es Dios-Hijo, semejante al Padre y al Espíritu Santo, que vino al mundo a buscar y a salvar lo que estaba perdido. La fe comporta alcanzarlo a diario, en las sencillas acciones de la efusión celeste, que componen nuestra jornada terrestre. Abramos las puertas del corazón y dejémonos guiar por sus claros pulsos rehabilitadores.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 02.05.2026


 

 

 

I.- CRISTO, PASAJE HACIA EL PADRE

El deleite de Jesús es custodiarnos,
estar a nuestro lado en todo bregar,
transmitirnos paz en nuestro andar,
despertarnos en el deseo de querer,
pues sólo amando uno se robustece.

Para eso se ha manifestado al orbe,
y ha venido a este mundo de lloros,
para que se acaben las turbaciones,
y empiece un tiempo de esperanza,
donde todo será evidencia y júbilo.

No desfallezcamos, pues, tampoco;
aunemos nuestros latidos en Cristo,
sigamos su trayecto hacia el Padre,
marchemos a la dicha de su piedad,
sin reincidir en la desdicha del mal.

 

 

II.- CRISTO, AUTENTICIDAD DEL PADRE

En este endiosado mundo maligno,
dividido y violento a más no poder,
se discute de verdades que no son,
se habla a chorros de aclamaciones,
que son loas de réditos mundanos.

En el espacio divino todo es verso,
verso que vive en el celeste verbo,
verbo que por sí mismo es verdad,
verdad que se hace bondad y amor,
para poder ser la percusión poética.

Volvamos sin temerlo al Salvador,
Él es la nívea pureza del cohabitar,
el maravilloso acorde de compañía,
la coherencia suprema en el hacer;
pues en el decir, va su propia vida.

 

 

III.- CRISTO, EXISTENCIA EN EL PADRE

El Hijo posee esa semejante savia
del Padre, que se alojaba en Dios
desde el principio, una vida llena
de latidos, con sabor a perfección,
crecida y recreada en lo armónico.

Con Jesús se degusta la existencia,
existencia que fluye como el agua,
agua que nos limpia las impurezas,
impurezas que se vuelven purezas,
pues por su santa cruz nos redime.

Habitando con Él, todo se renueva,
el vigor se forma en cada mañana,
y en cada aire como dador de luz;
que nos revive a vivir en su amor,
y nos vivifica a morar en su señal.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
02 de mayo de 2026