COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

LA MANSEDUMBRE DEL BUEN PASTOR

 

 

“SU TERNURA, NOS ENTERNECE: La humanidad confía en Jesús, no cesa de buscarle y de rebuscarle entre las huellas, requiere de su orientación y benevolencia. Él nos conoce y nos reconoce, embelleciéndonos. Alumbra nuestro corazón con su mirada de amor, sin deslumbrarnos. Lo hace en silencio, para un místico encuentro personal, que nos transforma la savia. Acojamos la escucha orante, bajo el propósito de enmienda: seremos un único rebaño con un solo pastor.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 25.04.2026


 

 

 

I.- NOMBRA A LAS OVEJAS POR SU NOMBRE

Todos tenemos una identificación,
una manifiesta relación espiritual,
sustentada en un tronco armónico,
contemplado por el ser de la vida,
y no por el cohabitar de la muerte.

No hay mejor vivir que el donarse,
que el dejarse querer y ser querido,
para poder atenderse y entenderse,
como renuevos de Dios en acción,
con la alegría de retornar al Padre.

La llamada de Jesús es primordial,
pues nadie asciende sin su abrazo,
sin la alianza a la cruz Redentora,
que nos redime de los quebrantos,
y nos rescata de todos los pecados.

 

 

II.- SACRIFICA SU VIDA POR LAS OVEJAS

El Señor, pastor de todos nosotros;
reparte y comparte su parte de luz,
e imparte su bondad con la verdad,
legando su existencia en sacrificio,
para darnos su espíritu resucitado.

Para Él somos el amor de su senda,
la percusión oriunda de su cañada,
la pulsación de su quehacer diario,
la corriente que da ardor al cuerpo,
y pone en ágil movimiento al alma.

Cielo es su velador para mis pasos,
horizonte es su voz para mis penas,
deseo es su orden para mis apatías;
y así, cuando camino con desgana,
sus brazos amorosos me reaniman.

 

 

III.- DEPOSITA EN LAS OVEJAS SU CUSTODIA

El Salvador se aviene a la manada,
acoge y recoge las ovejas perdidas,
como mayoral supremo de la piara;
es la puerta por la que se introduce,
y por la que se infiltra en el rebaño.

Como buen guía escucha al grupo,
contento nos conduce y reconduce,
entrando en quietud con su léxico;
pues tú, Dios mío, ofreces el bien,
y no huyes de los que te requieren.

El Altísimo nos ilumina y pastorea,
nos acompaña y acompasa ritmos;
que nos acercan a su vivo corazón,
para alejarnos de las tribulaciones,
y reponernos de todos los dolores.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
25 de abril de 2026