Conferencia Episcopal

 

León XIV sobre el cardenal Rouco Varela: “Ha cumplido dignamente sus deberes en la caridad y en la obediencia”

 

El tiempo pasa, también para los hombres de Iglesia. Hablar del cardenal Rouco Varela significa hablar de la historia contemporánea de la Iglesia en España. El tiempo pasa para todos, pero lo que no pasa es lo que se ha hecho y se ha dicho, lo que ha construido la historia, la huella de la vida en las personas. Sólo hace falta contarlo.

 

 

 

José Francisco Serrano Oceja. 01/11/26.


 

 

 

  1. Cincuenta años de obispo del cardenal Rouco Varela
  2. Años de relaciones con personalidades
  3. Llegó el momento de la homilía
  4. ¿Manifestamos la verdad?
  5. Dos momentos finales de intensidad
  6. Una carta del Papa León XIV

 

 

 


Cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid,
en la celebración de la Eucaristía en la Catedral de La Almudena
por sus bodas de oro episcopales.

Foto: Religión Confidencial.

 

 

 

Cincuenta años de obispo del cardenal Rouco Varela

En una mañana de soleado frío madrileño, la catedral de Santa María La Real de La Almudena acogió ayer una celebración cargada de historia y de vida, las bodas de oro episcopales, cincuenta años de obispo, del cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid.

Una celebración eucarística de acción de gracias por el ministerio episcopal del cardenal Rouco Varela en las Iglesias de Santiago de Compostela y en Madrid, y por sus trabajos en la Conferencia Episcopal Española, además de los de diversos Dicasterios romanos en los que fue miembro.

Junto al cardenal Rouco Varela, en la celebración eucarística, estaban el actual arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, los cardenales eméritos Ricardo Blázquez, que fue obispo auxiliar de Rouco en Santiago, Carlos Osoro, alumno suyo en Salamanca, y el claretiano Padre Aquilino Bocos.

También asistieron el Nuncio Apostólico en España, monseñor Piero Pioppo, que leyó una carta manuscrita del Papa León XIV al final de la celebración; el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello; los obispos de la Provincia Eclesiástica de Madrid, García Beltrán y Prieto Lucena; el arzobispo de Oviedo, Sanz Montes; el arzobispo emérito de Granada, Javier Martíne<; el arzobispo emérito de Burgos, Fidel Herráez; el obispo de Lugo, Carrasco Rouco; los obispos eméritos de Almería, González Montes; Córdoba, Demetrio Fernández; Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla; de Segovia, César Franco; los auxiliares de Madrid, Martínez Camino, Martín Muñoz, Martínez Esteban y  Murga Gómez, además del emérito de El Callao, José Luis del Palacio. Por problemas con el transporte ferroviario no llegaron a tiempo los eméritos de Pamplona, Pérez González, y Málaga, Jesús Catalán.

Los bancos de la catedral estaban abarrotados por un pueblo de Dios que entonaba al unísono la acción de gracias. Junto al pueblo de Dios, más de centenar y medio de sacerdotes, convocados por el boca a boca, participaban en una eucaristía bellamente acompañada por la música y por la dignidad del rito.

 

Años de relaciones con personalidades

Cincuenta años de obispo son muchos años de relaciones, de tejido humano. En los primeros bancos estaba el expresidente del Gobierno José María Aznar y su esposa, Ana Botella; Esperanza Aguirre y su esposo, los exministros Jaime Mayor Oreja y Jorge Fernández Díaz, y el presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y políticas, Benigno Pendás, con varios académicos.

De la Conferencia Episcopal asistieron el Vicesecretario de Asuntos Económicos, Fernando Giménez Barriocanal, y el responsable del órgano de Cumplimiento Normativo, Alfredo Dagnido Guerra.

De las realidades eclesiales hay que destacar la presencia de quien sustituyó a Carmen Hernández en el equipo internacional del Camino Neocatecumenal, María Ascensión Romero, y Lydia Jiménez, directora general de Las Cruzadas de Santa María.

 

Llegó el momento de la homilía

El cardenal Rouco, desde la sede improvisada de delante del altar, inició su lectura. A los escasos segundos, cuando se refería agradecido a la presencia del Nuncio Apostólico, “que, además, me trae a la mejor y más grata memoria la bondad paternal con la que me han acompañado y sostenido a lo largo de todas las etapas de mi ministerio episcopal los Papas, Sucesores de Pedro: San Pablo VI, que me nombró obispo auxiliar de Santiago de Compostela, San Juan Pablo II al que debo una confianza personal y pastoral conmovedora e inmerecida en los años de Arzobispo de la Archidiócesis Compostelana y de Arzobispo de Madrid; Benedicto XVI que me regaló una delicadísima amistad…” se le quebró la voz.

Segundos de silencio. Una petición de perdón, por parte del cardenal, le permitió coger fuera para seguir: “que me fue tan valiosa en situaciones eclesiales muy difíciles; el Papa Francisco en el tiempo de arzobispo emérito de Madrid y el actual obispo de Roma y pastor de la Iglesia Universal, extraordinariamente bondadoso y amable con mi humilde persona”.

En una homilía a modo de examen de conciencia de su vida de servicio a la Iglesia, el cardenal Rouco Varela planteó tres cuestiones iniciales: “La pregunta se concreta para cualquier sacerdote, Obispo, Pastor de la Iglesia, y, máxime, si ha cumplido 50 años de ministerio episcopal, primero, en sí a la hora de su llamada ha sabido decirle y sabe decirle –como el Profeta Jeremías: “¡Ay, Señor, ¡Dios mío! Mira que no sé hablar, que soy sólo un niño” y, luego, conocida la contestación del Señor, preguntarse: ¿fui a donde Él me envió y dije lo que Él me ordenó”, “sin miedo”, porque él estaba conmigo?

 

¿Manifestamos la verdad?

Más adelante prosiguió: “¿Y, segundo, lo que dije no fue “Jesucristo es el Señor”, no predicándose a uno mismo, sino a Cristo Jesús como Señor y afirmándose siervos de nuestros hermanos cómo lo hizo Pablo? ¿Repudiamos el silencio vergonzoso, no procedimos con astucia, ni falseamos la Palabra de Dios sino al contrario, manifestamos su verdad?

Y, tercero, “¿nos hemos dejado lavar los pies por Él no sólo litúrgicamente - ¡que también! - sino, y, sobre todo, dispuestos, a subir a la Cruz con Él y dispuestos a lavar los de nuestros hermanos: sus heridas de alma y cuerpo en los momentos de su sufrimiento, de la enfermedad, de la soledad, ¿de la pobreza? ¿Dejarnos lavar también por ellos?”

 

Dos momentos finales de intensidad

Una homilía que tuvo dos momentos finales de intensidad, con una profunda carga de mensaje.

El primero, cuando el cardenal Rouco Varela señaló que “ante la situación tan delicada que atraviesa la Iglesia y, sobre todo, la sociedad en esta hora evidentemente crucial de la historia de España y de Europa permítanme rememorar una palabras de la alocución que nos dirigió el Papa Benedicto XVI en la Audiencia pública que nos concedió a los participantes en el III Sínodo de la Archidiócesis de Madrid el día 4 de julio de 2005: "En una sociedad sedienta de auténticos valores humanos y que sufre tantas divisiones y fracturas, la comunidad de los creyentes ha de ser portadora de la luz del Evangelio, con la certeza de que la caridad es, ante todo, comunicación de la verdad".

Para añadir que no debemos olvidar que “la Verdad es Cristo: ¡“El centro de todo”! como nos lo precisó muy oportunamente a los Obispos y a los Presbíteros de Madrid, nuestro Santo Padre León XIV en su bellísima carta dirigida al Presbiterio de la Archidiócesis madrileña con motivo de la Asamblea Presbiteral “Convivium”. Nos decía y nos dice:

“Miremos el centro de todo, hijos míos: aquí se revela qué da sentido a lo que hacéis cada día y de dónde brota vuestro ministerio. En el altar, por vuestras manos, se actualiza el sacrificio de Cristo en la más alta acción confiada a manos humanas; en el sagrario, permanece Aquel que habéis ofrecido, confiado de nuevo a vuestro cuidado. Sed adoradores, hombres de profunda oración y enseñad a vuestro pueblo a hacer lo mismo. Al término de este recorrido, para ser los sacerdotes que la Iglesia necesita hoy, os dejo el mismo consejo de vuestro santo compatriota, san Juan de Ávila: «Sed vosotros todo suyo» (Sermón 57). ¡Sed santos!”.

 

Una carta del Papa León XIV

Monseñor Piero Pioppo leyó la final de la eucaristía de “una carta gratulatoria y autógrafa” que el Papa Léon XIV dirige al cardenal Antonio María de la Santa Romana Iglesia cardenal Rouco Varela, “que celebra el jubileo de oro de su consagración episcopal”.

El Papa León XIV “fraternalmente” se congratula “por el feliz acontecimiento teniendo presente su larga misión pastoral en las comunidades eclesiales que le fueron confiadas y de su diligente labor ejercida con esmero en la Conferencia Episcopal y en los diversos Dicasterios de la Sede Apostólica”.

Y añade que “Mientras recordamos su solicitud y fidelidad en la comunión de la Santa Iglesia, a usted que ha cumplido dignamente sus deberes en la caridad y en la obediencia, le deseamos todo lo mejor”, al tiempo que solicita la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y le imparte la bendición apostólica.