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Arrolladora visita del Papa a Francia: intelectuales franceses se preguntan "¿qué ha pasado?"

 

La visita de León XIV a Francia ha provocado algo que pocos esperaban en un país profundamente secularizado: ha vuelto a colocar públicamente sobre la mesa el debate sobre Dios, la laicidad, la vida, la trascendencia, las raíces cristianas y el lugar de la religión en la sociedad. La pregunta que aparece, con distintos matices, en la prensa y entre intelectuales franceses es sencilla: ¿qué ha pasado para que cientos de miles de personas hayan salido a las calles para escuchar al Papa?.

 

 

 

29/09/26 | Marta Santín


 

 

 

  1. "León XIV, un Papa tranquilo y unificador"
  2. La laicidad francesa, en el centro del debate
  3. Lo que más ha sorprendido de León XIV
  4. Los intelectuales: ¿qué está ocurriendo en Francia?
  5. El balance de la prensa francesa
  6. Ateos sorprendidos por los jóvenes
  7. Profundidad intelectual con cierto aire a Juan Pablo II

 

 

 


La icónica Avenida de los Campos Elíseos
arropó el pasaje del Santo Padre en el papamóvil
el sábado 26 de septiembre por la tarde.

(@Vatican Media).

 

 

 

La respuesta popular ha sorprendido incluso a algunos de los medios que más críticamente han seguido la visita.

Según las cifras del Vaticano, unas 800.000 personas participaron el sábado en la misa de la Concordia y los Campos Elíseos.

 

"León XIV, un Papa tranquilo y unificador"

Le Monde tituló su crónica «León XIV, un Papa tranquilo y unificador, llena París para la misa de la Concordia». El diario habla de una multitud formada por católicos practicantes, curiosos y personas que acudieron movidas por la curiosidad.

El dato adquiere especial relevancia por el contexto. Francia continúa perdiendo práctica religiosa y presencia institucional del catolicismo, pero al mismo tiempo registra un crecimiento extraordinario de los bautismos de adultos y adolescentes. Le Monde ha descrito esta situación como una especie de renacimiento en medio de la secularización.

El propio León XIV reconoció su sorpresa ante este fenómeno durante su encuentro en el Instituto Católico de París. El Papa se mostró «maravillado» por el número de nuevos bautizados y quiso comprender cómo puede producirse esta búsqueda religiosa en una sociedad que durante décadas ha avanzado hacia la secularización.

 

La laicidad francesa, en el centro del debate

Uno de los aspectos más llamativos del viaje ha sido que León XIV no ha evitado el asunto que probablemente más podía incomodar a una República celosa de su tradición laica. En el Elíseo afirmó: «la verdadera laicidad no consiste en excluir la religión del espacio público».

Le Monde interpretó estas palabras como una intervención directa en el debate francés sobre la laicidad del Estado. Por su parte, planteó incluso antes del viaje si la presencia del Papa en espacios públicos podía entrar en contradicción con la laicidad y recordó que la legislación francesa permite las manifestaciones exteriores de los cultos siempre que se respete el orden público. El periódico francés subrayó que, en Francia, la interpretación de la laicidad continúa siendo objeto de discusión política y social.

De este modo, la visita de León XIV ha provocado en Francia una discusión que va bastante más allá de si un Papa puede celebrar una misa en una plaza pública.

La pregunta que ha quedado planteada en periódicos, televisiones y debates políticos es qué significa realmente la laicidad en una sociedad en la que el Estado mantiene su neutralidad religiosa, pero en la que la religión sigue teniendo presencia pública y en la que cientos de miles de personas han salido a la calle para participar en un acontecimiento religioso.

Y ahí aparece una de las paradojas que más ha llamado la atención de los medios franceses: una sociedad profundamente secularizada ha vuelto a discutir públicamente sobre Dios, religión, cristianismo y trascendencia precisamente a raíz de la visita de un Papa.

 

Lo que más ha sorprendido de León XIV

Se esperaba del Papa una fuerte defensa de la vida y su crítica a la eutanasia. En el Elíseo denunció esta práctica y, en Lourdes, fue todavía más directo: «Es imposible considerar normal dar la muerte» y «lo que es legal no es necesariamente moral». El canal francés Public Sénat, especializado en información política y parlamentaria, interpretó sus palabras como una crítica diplomática, pero inequívoca, a la reciente legislación francesa sobre la ayuda a morir.

Otro de los aspectos que ha analizado la prensa francesa en sociedad secularizada: su capacidad para hablar a personas que no se consideran creyentes. Le Journal du Dimanche, (un semanario francés de información general y política, tituló directamente uno de sus balances: «León XIV seduce mucho más allá de los fieles católicos». Recoge testimonios de ateos, agnósticos y personas de otras religiones que aseguraron haberse emocionado con la visita.

El caso más significativo es el de la periodista Estelle Denis. Antes de la visita había cuestionado que los medios estuvieran dando demasiada cobertura al Papa. Después de contemplar la vigilia del Stade de France escribió en X: «Me he equivocado enormemente». Explicó que no es creyente, pero que las imágenes de los jóvenes, la multitud y, sobre todo, sus sonrisas la habían emocionado y que se había dejado «atrapar por esa alegría comunicativa».

 

Los intelectuales: ¿qué está ocurriendo en Francia?

Uno de los análisis más interesantes procede de Olivier Roy, politólogo y uno de los grandes especialistas franceses en religión y secularización. En una entrevista con Mediapart, Roy sostiene que la generación Z es más abierta a la cuestión religiosa de lo que podría pensarse. A su juicio, los jóvenes que acudieron al Stade de France no representan necesariamente un retorno a una religión identitaria: están buscando «sentido y espiritualidad».

La historiadora Blandine Chelini-Pont, profesora de Historia Contemporánea en Aix-Marseille Université, plantea otra cuestión de fondo. En una tribuna publicada por Le Monde sostiene que León XIV está intentando recuperar las raíces cristianas de Europa como un elemento unificador, no como una bandera identitaria. En su interpretación, el Papa quiere vincular ese legado cristiano con la paz, el Estado de derecho y la convivencia en una Europa plural.

Chelini-Pont insiste en que el orden de las intervenciones en Metz resulta significativo: primero el encuentro interreligioso y después el discurso sobre las raíces de Europa. Para ella, esto apunta a una concepción del cristianismo que no pretende convertir Europa en una «fortaleza cristiana», sino contribuir a proteger el Estado de derecho y evitar nuevas fracturas.

También resulta significativo el análisis de Isabelle de Gaulmyn, presidenta de las Semanas Sociales de Francia. En Le Monde sostiene que la Iglesia francesa tiene una enorme experiencia de trabajo social —con pobres, inmigrantes, enfermos y personas vulnerables— pero que debería transformar esa experiencia en una reflexión política sobre las grandes transformaciones de la sociedad.

Es decir, el debate intelectual no se limita a determinar si la visita ha sido un éxito o un fracaso. La pregunta es más profunda: ¿qué está expresando este nuevo interés religioso en una Francia que ya no se considera culturalmente católica?

 

El balance de la prensa francesa

La lectura de los medios franceses muestra una clara diversidad.

Le Monde se ha centrado sobre todo en la paradoja sociológica: secularización y, al mismo tiempo, aumento de los bautismos y enormes concentraciones.

Le Figaro ha adoptado un tono mucho más entusiasta. «Una palabra libre y fuerte» fue el título de su edición del lunes 28 de septiembre. El periódico subrayó el entusiasmo popular y dedicó especial atención a la defensa de la vida y a la «justa laicidad». En otra portada preguntaba: «¿De dónde vienen?» al referirse a los 80.000 jóvenes reunidos en el Stade de France.

Le Nouvel Obs se había acercado al viaje desde la perspectiva de un Papa «muy político», interesado en cuestiones como Trump, la inteligencia artificial, los migrantes, el aborto o la eutanasia. Tras la llegada del Papa, el periódico también destacó la enorme afluencia de la Concordia, comparándola con las grandes movilizaciones de Juan Pablo II.

Public Sénat, el canal de televisión francés especializado en información parlamentaria y política, ha puesto el foco en la tensión entre religión y laicidad y en las palabras del Papa sobre el final de la vida.

Marianne ha sido más crítica con la utilización del espacio público, la escenografía y determinadas cuestiones económicas y políticas del viaje.

Y Le JDD ha destacado especialmente algo que atraviesa toda la visita: la reacción de personas que no son católicas.

 

Ateos sorprendidos por los jóvenes

El análisis final, por tanto, es diverso: hay ateos sorprendidos por los jóvenes, intelectuales que discuten la escenografía pero que se cuestionan qué está pasando, políticos de izquierdas que reivindican la libertad religiosa, periodistas no creyentes que reconocen haberse emocionado, historiadores que analizan las raíces cristianas de Europa y, simultáneamente, asociaciones laicistas que cuestionan el uso del espacio público.

Lo que queda claro es que León XIV no ha ido a Francia simplemente a hablar a los católicos. Ha intentado definir qué puede aportar el cristianismo a una República que ya no se considera culturalmente católica. Y la respuesta de Francia, incluso desde ámbitos alejados de la Iglesia, ha sido empezar a discutir de nuevo esa cuestión.

 

Profundidad intelectual con cierto aire a Juan Pablo II

Finalmente, sus discursos han mostrado además una profundidad intelectual que ha llamado la atención. Hay en ellos cierto aire de Juan Pablo II —especialmente en las referencias a los jóvenes, la libertad, Europa, la cultura, la misión y las raíces cristianas—, sin que eso suponga abandonar a Francisco, a quien León XIV sigue citando en cuestiones como el diálogo, la educación, la ecología y la proximidad pastoral.

No parece una sustitución, sino una síntesis: recuperar algunas intuiciones del Papa polaco para hablar a una generación joven y a una Europa en crisis, incorporando al mismo tiempo elementos centrales del pontificado de Francisco. Los propios discursos oficiales muestran esa continuidad.

Quizá por eso la pregunta que queda después de cuatro días no sea solamente cuántas personas acudieron a ver al Papa. Es otra: ¿por qué una sociedad que durante décadas ha apartado la religión del centro de la conversación pública ha vuelto, durante cuatro días, a discutir sobre Dios, la trascendencia, la vida y el sentido?