Vaticano

 

León XIV fija los requisitos de la música litúrgica: «Noble y sencilla», de calidad y al servicio de la celebración

 

El Papa advierte de que el canto sacro no puede depender de «modas o sensibilidades particulares», pide textos profundos y comprensibles inspirados en la Escritura y la Tradición, reivindica el gregoriano y recuerda el valor del «silencio sagrado».

 

 

 

20/08/26


 

 

 

El Papa advierte de que el canto sacro no puede depender de «modas o sensibilidades particulares», pide textos profundos y comprensibles inspirados en la Escritura y la Tradición, reivindica el gregoriano y recuerda el valor del «silencio sagrado».

 

 

 

  1. Una música que no puede depender de las modas
  2. Textos «apropiados, profundos» y comprensibles
  3. «Cantar es propio de quien ama»
  4. Participar también significa guardar silencio
  5. El gregoriano mantiene su lugar, pero no es el único
  6. La schola cantorum, al servicio de la asamblea
  7. Formación para músicos y cantores

 

 

 


El saludo del Papa a los fieles presentes en la audiencia general.
Foto: Vatican Media

 

 

 

León XIV ha dedicado este miércoles su catequesis a la música sacra a partir del capítulo VI de la Constitución Sacrosanctum Concilium y ha detallado cuáles son, según el Concilio Vaticano II, los requisitos que debe reunir para cumplir adecuadamente su función dentro de la liturgia.

El Papa ha puesto el acento especialmente en una idea: la música forma parte de la propia acción litúrgica. Por eso, ha explicado, «cantar y tocar significa orar», porque permite al creyente sintonizar su corazón con el de los demás fieles y con Dios, participando así en el misterio que se celebra.

León XIV ha recordado que considera la tradición musical de la Iglesia «un tesoro de valor inestimable» y afirma que el canto sacro, unido a las palabras, constituye una parte necesaria e integral de la liturgia solemne. La Constitución conciliar añade que la música será tanto más santa cuanto más estrechamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando la oración, fomentando la unanimidad o dando mayor solemnidad a los ritos.

 

Una música que no puede depender de las modas

Precisamente de este carácter teológico de la música sacra, ha explicado el Pontífice, se desprenden varios requisitos. El primero afecta directamente a quienes componen o seleccionan los cantos: deben responder a lo que resulta apropiado para cada momento de la celebración, por encima de las «tendencias» o de las «sensibilidades particulares » de sus autores.

También la forma musical debe reunir unas características concretas. León XIV ha señalado que, especialmente en su dimensión melódica, debe ser «noble y sencilla», contar con «alta calidad musical» y resultar fácil de interpretar, sobre todo cuando está destinada a ser cantada por toda la asamblea.

El Papa ha situado así la calidad musical y la participación de los fieles dentro de una misma lógica. No se trata simplemente de cantar más, sino de que la música contribuya realmente a la acción litúrgica.

 

Textos «apropiados, profundos» y comprensibles

Los mismos criterios deben aplicarse a las letras de los cantos. El Concilio, ha recordado León XIV, recomienda que los textos sean «apropiados, profundos y, a la vez, fácilmente comprensibles».

Además, deben estar inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, los libros litúrgicos y la Tradición espiritual de la Iglesia. El Papa ha advertido de la importancia de supervisar cuidadosamente este aspecto para preservar la dinámica expresada en el antiguo principio lex orandi, lex credendi: la ley de la oración es también la ley de la fe.

La música, por tanto, no aparece en la catequesis de León XIV como un elemento independiente de la celebración. Su contenido, su forma y su ejecución deben estar al servicio de lo que la Iglesia celebra y cree.

 

«Cantar es propio de quien ama»

El Papa ha profundizado también en la dimensión espiritual del canto. Citando a san Agustín, ha recordado la expresión Cantare amantis est, «cantar es propio de quien ama». La música expresa, de este modo, la dimensión afectiva de la oración y ayuda a abrir el corazón a la acción de Dios y a dejarse transformar por su gracia.

Pero el canto tiene además una dimensión eclesial. La unión de las voces favorece la comunión porque permite superar las diferencias entre las personas y reunir a todos en la alabanza a Dios. Para León XIV, esta «sinfonía» de voces se convierte así en una verdadera «epifanía de la Iglesia», una manifestación tangible de la comunión que forma parte de su naturaleza.

Esta función ministerial de la música, ha recordado el Pontífice, ya había sido destacada por san Pío X en su Motu Proprio Inter sollicitudines, de 1903.

 

Participar también significa guardar silencio

La catequesis ha conectado esta cuestión con uno de los grandes conceptos de Sacrosanctum Concilium: la participación activa de los fieles. León XIV ha citado a Benedicto XVI para precisar que esta participación debe partir de una mayor conciencia del misterio celebrado y de su relación con la vida cotidiana, dentro de un «espíritu de conversión constante».

Y ha recordado que la participación no consiste exclusivamente en cantar. Sacrosanctum Concilium pide prestar atención a las aclamaciones de los fieles, las respuestas, el canto de los salmos, las antífonas y los cantos, pero también al «silencio sagrado».

León XIV ha insistido además en que cada uno, ministro o fiel, debe hacer «todo y solo aquello que corresponde», según la naturaleza del rito y las normas litúrgicas, a su competencia. El objetivo es mantener un equilibrio armonioso entre los diferentes ministerios, las distintas intervenciones y los momentos de silencio.

 

El gregoriano mantiene su lugar, pero no es el único

El Papa ha dedicado también una referencia expresa al canto gregoriano. El Concilio Vaticano II, ha explicado, le concede «gran valor», pero sin excluir otros géneros de música sacra de la celebración.

Algo similar ocurre con los instrumentos. Sacrosanctum Concilium presta especial atención al órgano, pero permite también otros instrumentos siempre que sean adecuados o puedan adaptarse al uso sagrado, estén en consonancia con la dignidad del templo y contribuyan verdaderamente a la edificación de los fieles.

La catequesis ha abordado asimismo la inculturación. Las tradiciones musicales de las distintas culturas deben ser tomadas seriamente en consideración porque forman parte de la vida religiosa y social de los pueblos. El Concilio recomienda, por un lado, una adecuada «educación del sentido religioso» y, por otro, promover, en la medida de lo posible, la música tradicional de cada pueblo tanto en las escuelas como en las celebraciones.

 

La schola cantorum, al servicio de la asamblea

En este contexto, León XIV ha reivindicado la función de la schola cantorum, a la que presenta como un instrumento pastoral. Su tarea no consiste únicamente en ejecutar correctamente las partes que le corresponden según los distintos géneros de canto, sino también en alentar la participación activa de los fieles.

El Papa ha extendido estos criterios a los compositores de música sacra. Están llamados a conocer y salvaguardar el patrimonio musical de la Iglesia y, a partir de él, crear nuevas composiciones al servicio de la liturgia, teniendo en cuenta las sensibilidades contemporáneas y las diferentes tradiciones culturales.

Para explicar esta responsabilidad, León XIV ha recurrido a san Juan Pablo II, quien pidió «purificar el culto» de «defectos estilísticos», formas de expresión descuidadas y músicas o textos que no se ajusten a la grandeza del acto celebrado, con el objetivo de garantizar «la dignidad y la bondad de la forma de la música litúrgica».

 

Formación para músicos y cantores

El último requisito al que ha apuntado el Papa es la formación. Los Padres conciliares, ha recordado, recomendaron fomentar la formación y la práctica de la música sacra en seminarios, noviciados de religiosos y religiosas, casas de estudio, institutos y escuelas católicas.

Del mismo modo, los músicos y cantantes deben recibir una sólida formación litúrgica. Para León XIV, la música sacra no puede quedar reducida, por tanto, a una cuestión de gusto personal o de capacidad artística: quienes intervienen en ella deben conocer también la naturaleza de la liturgia y las normas que la regulan.

El Papa ha cerrado su catequesis recurriendo a san Ignacio de Antioquía y a su imagen de los cristianos como un coro que, en armonía y uniendo voces, canta al unísono al Padre por medio de Jesucristo. Una imagen que resume, según León XIV, la finalidad última del canto litúrgico: no destacar unas voces sobre otras, sino manifestar mediante ellas la comunión de la Iglesia.