De Libros

 

Qué es lo que hace que el cristianismo sea irrelevante para muchos

 

Joaquín García-Huidobro plantea qué es lo que genera problemas del cristianismo y por qué la práctica cristiana es una minoría en determinadas sociedades

 

 

 

José Francisco Serrano Oceja | 03/08/26


 

 

 

El profesor de filosofía chileno, y columnista político de “El Mercurio”, Joaquín García-Huidobro, ha publicado este interesante ensayo sobre la ubicación del cristianismo en la época postcristiana.

 

 

 

  1. La práctica cristiana, una minoría en determinadas sociedades
  2. Naturaleza del mensaje de la Iglesia
  3. Diversas enfermedades que aquejan al cristianismo
  4. Fidelidad creativa al Evangelio

 

 

 


Joaquín García-Huidobro.

 

 

 

Desde Celso, en la antigüedad, hasta Nietzsche han sido no pocos los que han mirado el cristianismo con desprecio. De lo que se trata ahora no es de esa actitud para muchos, sino la de vivir la vida como si el cristianismo no existiese, y lo que también es relevante, como si no hubiera existido.

 

La práctica cristiana, una minoría en determinadas sociedades

Otra forma de plantear el motivo de este libro es preguntarse qué es lo que del cristianismo genera problemas a nuestros contemporáneos y que hace que, en determinadas sociedades, la práctica cristiana sea de una minoría.

Partamos de una afirmación, aquí recogida, de san John Henry Newman, en uno de sus sermones pronunciados en 1830:

“¿Qué es la historia de la Iglesia sino el relato de los incidentes de una batalla siempre incierta, aunque el resultado de ella no sea incierta? Apenas hemos cantado el Te Deum, ya necesitamos continuar nuestro Miserere. Apenas estamos en paz, cuando se nos persigue de nuevo. Acabamos de ganar una victoria, y ya nos vemos abrumados por un nuevo escándalo. ¡Nuestro avance se realiza en medio de derrotas, las penas son nuestros consuelos! Perdemos a Esteban para ganar a Pablo, y Matías reemplaza al traidor Judas. Así sucede en todas las épocas. Así ocurre en el siglo XIX, y lo mismo sucedía en el siglo IV”.

 

Naturaleza del mensaje de la Iglesia

Lo primero, por tanto, que hace este libro, que anima a conocer en profundidad la historia de la Iglesia, es invitar al lector a tener perspectiva del tiempo.

Es relevante que, a la hora de preguntarnos, por qué se acepta o no el mensaje de la Iglesia, hagamos una reflexión sobre la naturaleza de ese mensaje. Es decir, sobre lo que es el cristianismo y la Iglesia y sobre lo que significa. En este sentido, aparece la “radical incoherencia” de la Iglesia, que se basa en que sus integrantes, repletos de limitaciones, son portadores, mediadores, de un mensaje sublime, elevado y hermoso.

No hay que olvidar que la Iglesia es también “signo de contradicción”. Su voz es incómoda, no tiene un modelo político o económico que ofrecer, pero sí un modelo antropológico, y esto siempre le complica la vida a quienes quieren construir la sociedad sobre modelos que no se corresponden con la naturaleza de lo humano. Decía el filósofo lituano Andrius Navickas que “una vida sin problemas no es una vida cristiana”.

 

Diversas enfermedades que aquejan al cristianismo

En este sentido del profundizar en el conocimiento del cristianismo que se vive y se predica hoy, nuestro autor hace también un interesante diagnóstico sobre las diversas enfermedades que aquejan al cristianismo de nuestro tiempo. Es esta una parte del libro que quizá sea la más original, en la que se adentra en fenómenos como la esquizofrenia de la doble vida, la afonía, la melancolía, entre otros.

También aborda las deficientes incomprensiones sobre la naturaleza del cristianismo, por ejemplo, entenderlo como una sola moral y no como el seguimiento y encuentro con una Persona, Jesucristo, y el considerar que la vida cristiana es un inmenso esfuerzo humano de voluntad olvidando la primacía de la gracia.

 

Fidelidad creativa al Evangelio

Ante esta situación cultural y social en la que está inmerso el cristianismo, hay que ser conscientes de que “siempre han sido unos pocos los que han llevado el peso de la renovación” y de que el cristianismo es un permanente ahora comienzo como ejercicio de fidelidad creativa al Evangelio.

De ahí que convenga recordar lo que escribiera Raïssa Maritain, que debe interpelar nuestra conciencia cristiana: “Si tenemos que renunciar también a encontrar un sentido a la palabra verdad, a la distinción entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, ya no es posible vivir humanamente”.

Hay que destacar, por último, su capítulo dedicado a un aspecto esencial del creyente hoy: la alegría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Joaquín García-Huidobro,
Cristianos en un mundo menos cristiano.
Rialp, 2026.