Tribunas

No es el Papa, es Dios

 

 

José Francisco Serrano Oceja


El Papa, en Barcelona.
Foto: Pablo Mariñoso de Juana

 

 

 

 

Me pasó en un diálogo ayer por la noche en una iniciativa novedosa, un círculo de amistad, absolutamente laico, al que me invitaron a conversar sobre el Papa, el Vaticano y la Iglesia. Un grupo no muy numeroso, mayoritario de jóvenes que se declararon agnósticos, ateos y algún católico, que se reúnen para abordar temas de actualidad internacional. Entorno moderno, metodología ágil, todo muy amable.

Como lo que me interesaba en estos días es analizar la percepción del Papa y de sus mensajes en los medios más alejados del Papa y de la Iglesia, en el tiempo entre costuras periodísticas, había descubierto algo que cada vez era y es más evidente.

Del discurso del Papa en el Congreso se podía, más o menos, estar de acuerdo con lo dicho, sobre todo con la forma de lo dicho. Pero el problema para el “Mainstream” viene cuando aparece el concepto moral de la Iglesia, y sus derivadas, e inmediatamente se hace referencia a una moral basada en la revelación de Dios. De ahí que la cuestión no es y era el Papa, incluso para deslegitimar el buen ambiente que ha creado. La cuestión es Dios como fundamento de la moral.

Este proceso pretende ser más una deslegitimación cultural de fondo que una conclusión derivada del análisis de lo dicho por el Papa en el Congreso. Y una forma no de no entender lo que allí se escuchó, sino de no querer entenderlo negando la petición de principio.

Vino en mi ayuda de esa percepción la columna de Sergio del Molino titulada “Los ateos estamos pasados de moda”, de ayer miércoles. No voy a reproducir lo que dice Del Molino, epígono de la cultureta de moda. Deja claro, de forma atractiva, que la cuestión, o el problema de lo que se ha escuchado en Madrid, no es el Papa solo sino su relación con Dios. Por eso es ateo confeso contra corriente y por eso ve, en el Papa y en su recepción social, muchas contradicciones.

Esta situación nos lleva al siguiente paso. Se irá el Papa. Nos deja sus discursos y nos toca afrontar públicamente la cuestión de Dios, incluso la del Dios de Jesucristo y de Jesucristo Dios y hombre verdadero.

Cuestión que, por cierto, encontramos en la fase barcelonesa del viaje del Papa. De nuevo, a lo que nos enfrentamos es a lo que se enfrentó De Lubac, entre otros muchos. A lo que quiso dar respuesta, de forma sublime, aquel teólogo llamado Joseph Ratzinger. Transitar, incluso en la percepción social, de lo que dice el Papa al fundamento de lo que dice, aun reconociendo como adecuado su método de focalización en la dignidad humana, va a ser tarea compleja.

Es cierto que la vía adecuada ahora es la del sentido. Dios como sentido de la vida y Dios como base sentido de la acción en el que está el otro, la moral.

No es difícil, social y culturalmente, hablar de la dignidad humana. Pero, ¿de Dios? Es aquello que decía Maritain. No hay problema de dialogar sobre los Derechos Humanos mientras no nos metamos en cuál es su fundamento.

Vaya tarea que nos ha dejado nuestro amado León.

 

 

José Francisco Serrano Oceja