Diócesis
Los religiosos recibieron el hábito en la Catedral de Guadix y ya habitan junto al santuario de San Torcuato, donde dedicarán su vida a la oración, la adoración y la acogida de peregrinos
28/05/26 | Marta Santín, X
En un paraje agreste, casi desértico y cargado de simbolismo para los orígenes del cristianismo en España, cuatro hombres han comenzado una nueva vida apartados del ruido del mundo.
- Ermitaños de San Torcuato, Marta, María y Lázaro
- En el corazón del cristianismo primitivo en España
- Forma de vida contemplativa
- Votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad
- "No es huída del mundo"
- “Gracias por poner alas a los sueños de Dios”
- “Ermitaños del siglo XXI”
- Tradición histórica dentro de la Iglesia
Los cuatro ermitaños con el
obispo de la diócesis de Guadix Francisco Jesús Orozco.
Foto: Diócesis de Guadix.
La diócesis de Guadix ha puesto en marcha una inédita comunidad eremítica formada por cuatro religiosos venezolanos que desde el pasado 10 de mayo viven en Face Retama, junto al santuario de San Torcuato, patrón de Guadix y considerado uno de los primeros evangelizadores de la Península Ibérica.
Ermitaños de San Torcuato, Marta, María y Lázaro
La nueva comunidad ha sido constituida oficialmente con el nombre de Ermitaños de San Torcuato, Marta, María y Lázaro, y supone una de las iniciativas más singulares impulsadas en los últimos años por la Iglesia española. Los cuatro ermitaños —Carlos Andrés, Óscar Eduardo, Osmar Moisés y Emilio José— recibieron los hábitos durante una celebración en la Catedral de Guadix presidida por el obispo accitano, monseñor Francisco Jesús Orozco.
Esa misma tarde comenzaron a instalarse definitivamente en Face Retama, un enclave situado a unos 14 kilómetros de Guadix, en pleno Geoparque de Granada, un paisaje áspero y silencioso donde la tradición sitúa el martirio de San Torcuato en el siglo I.
En el corazón del cristianismo primitivo en España
Según destaca la diócesis de Guadix, este lugar está considerado uno de los espacios más emblemáticos del cristianismo primitivo en España. San Torcuato fue uno de los llamados Siete Varones Apostólicos y la tradición le atribuye la evangelización de Acci, la actual Guadix. La memoria de aquel origen cristiano ha llevado al obispo accitano a impulsar desde hace años la recuperación espiritual de Face Retama.
La fundación de esta comunidad eremítica culmina precisamente ese proyecto diocesano. Desde su llegada a la diócesis en 2018, monseñor Orozco ha promovido distintas reformas en el santuario, ha instaurado celebraciones periódicas y ha convertido el enclave en un lugar de peregrinación. Ahora, con la llegada de estos ermitaños, Face Retama contará con presencia religiosa permanente dedicada a la oración y a la acogida espiritual de quienes lleguen hasta allí.
Los cuatro ermitaños con las religiosas de su comunidad y
el obispo de la diócesis de Guadix Francisco Jesús Orozco.
Foto: Diócesis de Guadix.
Forma de vida contemplativa
Los cuatro religiosos proceden de Venezuela y llevaban aproximadamente tres años preparándose para esta forma de vida contemplativa. Antes de instalarse definitivamente en Face Retama ya habían pasado varios meses en Guadix adaptándose tanto al entorno como a la cultura española.
Su llegada está vinculada además al carisma de la Congregación Marta y María, una comunidad religiosa que ya tiene presencia femenina en la diócesis accitana. Actualmente cuentan con dos comunidades en territorio diocesano: una en Castril y otra en la ciudad de Guadix. Las religiosas han acompañado y guiado el proceso vocacional de estos nuevos ermitaños.
Votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad
La ceremonia celebrada el 10 de mayo en la Catedral de Guadix fue emocionante. Participaron numerosas religiosas de la congregación llegadas desde distintos puntos de España, así como la fundadora de la comunidad, la madre Ángela, y la superiora general, la madre Rutilia. Durante la misa, los cuatro venezolanos profesaron sus votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad y recibieron distintos elementos propios de la tradición eremítica.
Entre los símbolos utilizados figuraban un mantel blanco, una cruz con clavos, un bastón, una calabaza para el agua y unas sandalias. La diócesis explicó que todos ellos representan la misión del ermitaño como hombre de oración, sacrificio y peregrinación espiritual.
Tras la proclamación de los votos, recibieron también el hábito, el cinturón, la cruz, el rosario y los estatutos que regirán esta nueva forma de vida contemplativa.
Durante la celebración, la madre Ángela pidió a los fieles que rezaran por los nuevos ermitaños recordando que “ellos han prometido rezar por ustedes, recen ustedes por ellos”.
Los cuatro ermitaños recibiendo el hábito en la catedral.
Foto: Diócesis de Guadix.
"No es huída del mundo"
Uno de los momentos más destacados de la ceremonia fue la homilía pronunciada por Monseñor Francisco Jesús Orozco, que explicó el sentido espiritual de esta nueva comunidad y la función que desarrollarán en Face Retama.
El obispo recordó que los ermitaños estarán dedicados a la oración permanente, la adoración eucarística y la acogida de peregrinos. “En la adoración permanente del Santísimo Sacramento vais a ser el corazón palpitante de nuestra diócesis, intercediendo sin descanso por las necesidades de la Iglesia y muy especialmente por las necesidades de nuestro Santo Padre el Papa”, afirmó durante su intervención.
Orozco quiso además subrayar que la vida contemplativa no debe entenderse como una huida del mundo, sino como una forma radical de entrega espiritual. En uno de los fragmentos más significativos de la homilía, explicó a los nuevos ermitaños:
“No, la vida de un eremita, la vida de un ermitaño, la vida contemplativa en la Iglesia no es huida del mundo. Es mucho más, es intimidad personal con Cristo. En el desierto de Face Retama nunca estaréis solos. Donde un cristiano o donde un eremita vive, se entrega, sufre, hace sacrificios y vive en fidelidad a la oración y la contemplación, allí está con él toda la Iglesia. Ese es el desierto, esa es vuestra vocación”.
“Gracias por poner alas a los sueños de Dios”
El obispo también agradeció expresamente a la Congregación Marta y María haber hecho posible esta fundación diocesana. “Gracias por poner alas a los sueños de Dios para esta diócesis. Gracias por creer que en lo pequeño Dios puede hacer obras grandes”, afirmó.
La vida que espera ahora a Carlos Andrés, Óscar Eduardo, Osmar Moisés y Emilio José estará marcada por el silencio, la oración y la austeridad. Desde Face Retama rezarán diariamente por la Iglesia y por el mundo, celebrarán la Eucaristía, mantendrán la adoración al Santísimo y recibirán a los peregrinos que lleguen hasta el santuario de San Torcuato.
Los cuatro ermitaños con las religiosas de su comunidad y
el obispo de la diócesis de Guadix Francisco Jesús Orozco.
Foto: Diócesis de Guadix.
“Ermitaños del siglo XXI”
Face Retama está situado en un entorno casi deshabitado del Geoparque de Granada, un territorio de barrancos, cárcavas y paisajes áridos que refuerzan el sentido de retiro espiritual buscado por esta comunidad. ABC de Andalucía definía recientemente a estos religiosos como “ermitaños del siglo XXI”, hombres que han decidido abandonar la vida ordinaria para vivir dedicados por completo a la contemplación y la oración.
La diócesis considera que esta presencia permanente puede convertir Face Retama en un foco de espiritualidad y peregrinación. De hecho, el santuario de San Torcuato ya venía recibiendo visitas de fieles y grupos religiosos, pero ahora contará además con una comunidad estable encargada de custodiar el lugar y acompañar espiritualmente a quienes lleguen hasta allí.
Tradición histórica dentro de la Iglesia
El nacimiento de los Ermitaños de San Torcuato, Marta, María y Lázaro supone también la recuperación de una tradición histórica dentro de la Iglesia. La vida eremítica, basada en el retiro, la oración y la penitencia, fue una de las primeras formas de vida consagrada del cristianismo y hunde sus raíces en los antiguos padres del desierto.
Ahora, en pleno siglo XXI, esa experiencia vuelve a abrirse camino en un rincón remoto de Granada, donde cuatro venezolanos han decidido vivir apartados del mundo para, según insiste la diócesis, “rezar por él”.