Vaticano

 

Mons. Jain Méndez desgrana cómo el turismo religioso puede ser vehículo para la transmisión del Evangelio

 

El Observador Permanente de la Santa Sede ante ONU Turismo ha participado en Alcalá de Henares en una jornada sobre vertebración entre fe, cultura y territorio

 

 

 

23/05/26 | Javier Arias, X


 

 

 

Monseñor Jain Méndez, Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización Mundial del Turismo, participó en la mañana del viernes 22 de mayo en la Jornada de turismo como vertebración entre fe, cultura y territorio.

 

 

 

  1. El nacimiento de la organización a nivel mundial
  2. La incorporación de la Santa Sede

  3. El Vaticano, favorable al trabajo de ONU Turismo
  4. El turismo religioso como vehículo para la transmisión del Evangelio
  5. La apuesta metodológica del Observador de la Santa Sede

 

 

 


Mons. Jain Méndez con el Papa.

 

 

 

La iniciativa, celebrada en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá, contó con el respaldo de diversas instituciones, entre las que destacan la Diócesis de Alcalá de Henares, la Fundación General de la Universidad de Alcalá y la Cátedra Juan de Dios Martín Velasco.

La ponencia de clausura de esta jornada corrió a cargo del diplomático indio a quien León XIV nombró en septiembre como representante del Vaticano ante ONU Turismo. En su intervención, a la que ha tenido acceso Religión Confidencial, monseñor Jain Méndez compartió algunas reflexiones sobre la relación de la Santa Sede con la Organización Mundial del Turismo.

 

El nacimiento de la organización a nivel mundial

Tras hacer un repaso histórico del nacimiento de esta organización a nivel mundial, que se consolidó en 1974 con la transformación de la UIOOT en la Organización Mundial del Turismo, Jain Méndez destacó que “los objetivos de la Organización se han ido aclarando a lo largo de los años, junto con el constante crecimiento del turismo a nivel mundial”. El diplomático vaticano sostuvo que “la Organización se convierte en el lugar ideal para construir alianzas, especialmente con los diversos sectores privados y organizaciones turísticas regionales y locales, el mundo académico e institutos de investigación, la sociedad civil y, en última instancia, el sistema de las Naciones Unidas”.

El Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización Mundial del Turismo resaltó que “de los 51 estados miembros originales, la Organización ha pasado a los 160 actuales. Casi todos los países con economías precarias o en vía de desarrollo se adhieren a él”.

 

La incorporación de la Santa Sede

La Santa Sede fue invitada por primera vez a un encuentro internacional sobre turismo en 1953, cuando la Unión Internacional de Organizaciones Oficiales de Turismo - UIOOT celebró su reunión anual en Roma. El P. Giovanni Arrighi, dominico, fue enviado en representación de la Santa Sede y así comenzó a seguir el tema en nombre de la Santa Sede”, detalló a los presentes desde Alcalá de Henares.

En su alocución, relató cómo el 20 de septiembre de 1973, la Santa Sede depositó la carta de aprobación del Estatuto (adoptado en 1970 en la Ciudad de México) de la naciente Organización Mundial del Turismo en la que ingresó como “estado miembro”, en representación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y con esta calificación participó en la primera Asamblea General (Madrid, 1975).

Sin embargo, prosiguió el Observador, en 1979, la Santa Sede solicitó y obtuvo en el curso de la Asamblea General de Torremolinos (Resolución 49/III, de 20 de septiembre de 1979) la condición de “observador permanente”, por su carácter único y peculiar en el contexto internacional. “El P. Arrighi fue nombrado primer Observador Permanente y así nació la Misión Permanente de la Santa Sede ante la OMT, el 29 de octubre de 1979, que continúa hasta el día de hoy”, añadió.

Sobre su papel, incide en que participa en las reuniones de las Asambleas Generales y del Consejo Ejecutivo así como en las iniciativas de las distintas Comisiones Regionales (con especial implicación, por razones geográficas, en la de Europa). Aunque no puede emitir un voto, tiene derecho a tomar la palabra y esto se utiliza cuando hay temas en discusión que tienen implicaciones éticas importantes. “Diría, por tanto, que el compromiso de la Santa Sede se dirige principalmente a las implicaciones éticas del fenómeno turístico y expresa el interés de la Iglesia en este importante sector de la vida social de nuestro tiempo”, subrayó.

 

El Vaticano, favorable al trabajo de ONU Turismo

En su discurso, monseñor Jain Méndez defendió que aunque “es innegable que el turismo puede traer beneficios económicos a la vida de las personas y comunidades; sin embargo, esto no puede suceder implantando modelos comerciales y empresariales que aplasten la dignidad de las personas o que desfiguren las riquezas ambientales y el tejido mismo de las realidades étnicas y sus antiguas tradiciones de vida”.

Además, aseguró que “la Santa Sede ha valorado reiteradamente” la acción que lleva a cabo esta organización mundial y que “no existe una actitud de prejuicio o sospecha hacia el fenómeno turístico por parte de la Iglesia”.

 

El turismo religioso como vehículo para la transmisión del Evangelio

Tras agradecer al resto de ponentes sus intervenciones y aportaciones, monseñor Jain Méndez instó a los presentes a “pensar cómo el turismo religioso puede ser el motor de una nueva reculturización del Evangelio”. El Observador reconoció que “durante demasiado tiempo, hemos permitido que el pensamiento secular reduzca nuestra herencia a "recurso turístico", una etiqueta que huele a inventario y a museo”. Sin embargo, manifestó que “la universidad católica debe ser el lugar donde las piedras vuelvan a hablar” y que “nuestra misión no es solo conservar el patrimonio, sino exégetas del Misterio que ese patrimonio encierra”.

“Si el Evangelio no vuelve a hacerse cultura, es decir, si no vuelve a ser el código con el que el hombre interpreta su viaje por la tierra, nuestras catedrales acabarán siendo cáscaras vacías, admiradas por su técnica, pero mudas para el espíritu”, alertó. Para ello, animó a que esta “reculturización” pase “por la recuperación de los trascendentales. En una era de postverdad y de relativismo ético, la belleza se alza como el último reducto de lo sagrado que el hombre contemporáneo todavía está dispuesto a aceptar sin resistencia”.

 

La apuesta metodológica del Observador de la Santa Sede

Propuso hacer “una pedagogía del asombro frente a la industria de la distracción” basada en una metodología que consista en: que el viajero vea la Verdad en la coherencia de nuestro relato; que experimente la bondad en la hospitalidad radical de nuestras comunidades y que se rinda ante la belleza que es el rostro visible de Dios que es Amor”.

“Hagamos que el turismo religioso sea el lugar donde el hombre moderno, ese náufrago de la inmediatez, descubra que sus pasos tienen sentido, que su sed tiene fuente y que, al final de cada senda, no le espera un monumento, sino una Persona”, concluyó.