Tribunas

Argüello y la madre del Papa Adriano de Utrecht

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Luis Argüello en desayuno informativo
organizado por el Fórum Europa.

 

 

 

 

Don Luis Argüello en el Foro Nueva Economía. Flamante salón abarrotado por los fieles del Madrid de desayunos delicatessen, en un hotel cuya habitación ronda los mil euros la noche, por eso de los contrastes de las malas noches, en las malas posadas, nuestro tiempo.

Escasa afición de casa y de la Casa, como si en Añastro no se hubieran aún enterado. Y de Madrid, mutis por el foro. Qué tiempos aquellos en los que las jugadas se comentaban en la tertulia posterior con don Juan del Río, que para esto tenía el olfato más fino del Reino.

Don Luis que se supera a sí mismo ante la atenta mirada de los políticos que enmudecían y se achicaban al escuchar hablar de las democracias, del positivismo jurídico, del relativismo moral, del transhumanismo, de las corrientes de fondo del mundo globalizado.

No son Abascal, ni Garriga, ni Cuca Gamarra, por citar algunos, los interlocutores del Presidente de la Conferencia Episcopal, que no de los obispos.

Es Vance, J. D. Vance, o Marco Rubio, quiénes debieran haber escuchado la intervención de don Luis, que lo mismo habla del “ordo amoris” agustiniano, de la Escuela de Salamanca, de la Controversia de Valladolid, de mi admirado santo Toribio de Mogrovejo, jurista de matrimonios mixtos y de prohibición de la explotación y del trabajo infantil, de los balones del mundial fabricados en Pakistán, de la soledad sonora que enamora y la musical emocional y los jóvenes cargados de deseos, de los hijos de padres divorciados, o de la Tierra de Campos, que lo son góticos.

Pero el momento cumbre de don Luis no fue el de la inmigración, ni el de la visita del Papa “a España”, que al decir eso elevó el tono del gesto, mensaje para quien no estaba, en una Iglesia en la que se han perdido las formas de presencia por ausencia, la cordialidad, el sentido de lo debido y lo indebido.

El momento cumbre, que diría el clásico, “Has estado cumbre, Presidente”, fue, y ustedes lo pueden ver en el vídeo del acto colgado en la web, cuando, hablando de la biografía, que no de la biología, de León XIV, se refirió a la madre de Adriano de Utrecht, Adriano VI, que le enseñaba a su hijo a rezar en inglés. Inglés y español, como Robert Prevost.

No supe yo en ese instante si don Luis nos estaba diciendo que León XIV es un nuevo Adriano VI, o, euroka, que quizá el mismo don Luis tiene no poco en común con el bendito Adriano.

¿Habrá leído don Luis hace poco la biografía que de quien fue obispo de Tortosa ha escrito el canónico Mn. Josep Alanyà Roig, que me supongo es la mejor que hay por estos predios?

Como no tengo a mano el Von Pastor, dos mil euros de media en librerías de lance, que está en la Universidad, me conformo con el Von Ranke, que no es precisamente un padre de la Iglesia.

Recuerdo que Adriano fue un reformador que duró poco tiempo. Como señala Von Ranke, la elección del epíscopo tortosino, apoyada por Cayetano, “no pudo recaer en persona más digna. Adriano gozaba de una fama intachable: justiciero, piadoso, activo, nunca se le vio más que con una ligera sonrisa en la boca, siempre con intenciones limpias, un verdadero sacerdote”.

Hasta Erasmo confesó que Adriano le había defendido de los ataques de los escolásticos. Gracias don Luis. Adriano VI decía que prefería seguir siendo profesor en Lovaina que Papa en Roma.

No dudo de que Léon XIV tiene más de Adriano que de León X. Y monseñor Argüello lo ha puesto en evidencia.

 

 

José Francisco Serrano Oceja