Tribunas
30/04/2026
Pues sí, los jóvenes se vuelven más religiosos… y de derechas
José Francisco Serrano Oceja
El informe Jóvenes Españoles 2026, de la Fundación Santa María, ha venido a ratificar la tendencia que ya se apuntaba desde hace tiempo y que está dejando descolocados a tirios y troyanos.
De hecho, esta tendencia, que no es solo española, se consideraba eso, una tendencia. Los sociólogos de la religión en España se mostraban cautos ante la inexistencia de datos consolidados.
Pero este Informe, uno de los más serios científicamente y completos ha venido a ratificar esa tendencia.
Vayamos a los datos, antes de las interpretaciones.
La religión alcanza su mayor nivel de importancia de toda la serie histórica: actualmente, el 38,4 % la considera “bastante o muy importante” en su vida.
El porcentaje de jóvenes que se identifica como católicos —incluidos los no practicantes— pasa del 31,6 % en 2020 al 45 % en 2025, mientras disminuyen las posiciones explícitamente no religiosas (agnósticos y no creyentes).
“El mayor aumento -dice el estudio- es el experimentado por los católicos practicantes que, en solo cinco años, recuperan de un plumazo siete puntos porcentuales -y lo que es la ironía estadística- hasta el último decimal perdido hace 25 años”.
Añado un dato significativo destacado en los resúmenes de prensa: entre los jóvenes que se identifican como católicos practicantes, una proporción significativa afirma creer también en el karma (60,7 %), la reencarnación (48,5 %), las artes mágicas (44,1 %), la predicción del futuro (37,1 %) y las energías curativas (40,3 %).
Los autores del informe han interpretado que esta vuelta a la religiosidad no lo es a la religiosidad tradicional y que “estas creencias reflejan una espiritualidad híbrida, personalizada y desinstitucionalizada, que funciona, principalmente, como fuente de apoyo emocional y orientación personal”.
Añado el otro aspecto.
“La variable “autoposicionamiento político”, presenta, un perfil totalmente nítido, con las categorías “Católico/a practicante” y “Católico/a no muy practicante” drásticamente escoradas a la derecha, así como la de “Agnóstico/a”, pero en especial “no creyente, ateo”, a la izquierda del espectro político”.
Está claro que el revival religioso es hijo de su tiempo, por cierto, inevitablemente individual y emotivista. Pero para los católicos muy practicantes y practicantes la forma no es ajena a la tradicional, diríamos que es una forma tradicional evolucionada.
También hay una evidente carencia de formación doctrinal y espiritual entre quienes se han sumado a este revival de catolicismo en sus variantes de práctica, lo que debe interpelar a no pocos.
Estoy convencido de dos cuestiones. La primera, que hay que pensar y hablar sobre esto. Introducir esta temática en la conversación pública tiene sus efectos positivos.
También hay que pensar y hablar de la derechización de los jóvenes, síntoma del cambio de ciclo de la hegemonía cultural y antropológica, con consecuencias políticas, del mayo del 68, es decir, de la izquierda.
Y me preocupa que, en el nivel directivo de la Iglesia, entre algunos sectores también episcopales que son fruto de épocas anteriores, no es que no se entienda lo que está pasando, sino que, desde determinados presupuestos teológico-pastorales e incluso ideológicos, véase la pasada Asamblea Plenaria, se quiera intervenir en este proceso intentando modificarlo contra la marcha de los tiempos. Los “signos de los tiempos” como lugar teológico, homenaje a Melchor Cano de mi parte.
¿Se aumentó el número de jóvenes católicos practicantes con el compromiso social de los sesenta y setenta basado en las utopías políticas intraterrenales?
Entiendo que no pocas personas en la Iglesia se han preguntado si lo que está pasando no es un “signo evidente de los tiempos” que hay que acompañar y que tiene formas, también de asociacionismo que interpelen. Gusten o no.
José Francisco Serrano Oceja