Vaticano

 

El Nuncio de Su Santidad en España destaca que “la Reina Isabel nos ofrece lecciones bien actuales”

 

Mons. Piero Pioppo preside una Eucaristía en Madrigal de las Altas Torres con motivo de la celebración del 575 aniversario de Isabel la Católica

 

 

 

José Francisco Serrano Oceja | 23/04/26


 

 

 

Ayer hace quinientos setenta y cinco años. En la misma villa, la de las Altas Torres, un madrigal entre los muchos de la Castilla eterna se escuchó, a media tarde, el llanto de una recién nacida, una niña.

 

 

 

  1. Aniversario del nacimiento de Isabel la Católica
  2. Junto al obispo de Ávila Jesús Rico García
  3. España no se entiende sin su historia
  4. “Sanando a tanta humanidad en Castilla, en España y en el Nuevo Mundo”
  5. Las lecciones que nos enseña la reina Isabel
  6. Procesión a la pila bautismal

 

 

 


Mons. Piero Pioppo, el obispo de Ávila, Jesús Rico García,
y el obispo emérito, Jesús García Burillo,
en la pila bautismal de Isabel la Católica.

 

 

 

Era jueves santo. El día de la cena del Señor, de la eucarística, del lavatorio de los pies, del servicio como forma de gobierno.

En el palacio de Juan II, hoy casa de oración y clausura, una casa, la de las Madres Agustinas en la que también estuvo no hace muchos años un agustino llamado Robert Francis Prevost, se dice que esa preciosa niña de ojos azules y pelo rubio, como el de su abuela, recién nacida, acabaría convirtiéndose en la Reina Isabel I de Castilla, a quien el Papa Alejandro VI le concedió el título de “Católica”.

 

Aniversario del nacimiento de Isabel la Católica

Fiesta grande en el pueblo de Madrigal para conmemorar ese aniversario del nacimiento de una mujer, esposa, madre y reina que cambió los destinos de la historia. Una fiesta de nacimiento, a la humanidad y a la gracia, en torno a la pila en la que fue bautizada, ya en tiempo de Pascua. Pila que se conserva en el impresionante templo parroquial dedicado a san Nicolás de Bari.

Y para conmemorar ese aniversario, el Nuncio de Su Santidad, León XIV, en España, monseñor Piero Pioppo, se desplaza hasta allí al encuentro de la historia, siempre agradecida si se mira con ojos de esperanza. Desde el momento en el que se bajó del coche, don Piero despliega humanidad, sencillez y ganas de hacerse con el fondo del alma castellana, de esa alma que confunde la línea del horizonte de las altas tierras con la primera y última llamada de la eternidad.

 

 

 


Mons. Piero Pioppo en Madrigal de las Altas Torres.

 

 

 

Junto al obispo de Ávila Jesús Rico García

El señor Nuncio habla un perfecto español y entona, en la misa, con un más perfecto oído. Por primera vez visita, como legado pontificio, la tierra que hizo España.

Al señor Nuncio le recibieron el obispo de Ávila, don Jesús Rico García, y el obispo emérito, don Jesús García Burillo. El metropolita no pudo asistir porque, al fin y al cabo, coordina los trabajos de la Asamblea Plenaria de los obispos.

Entre las autoridades, la vicepresidenta de la Junta de Castilla y León, María Isabel Blanco Llamas, el alcalde de la villa de Madrigal Jesús del Campo Espinosa, el presidente de la Diputación provincial de Ávila, y una veintena de alcaldes de la zona, además de las autoridades militares y de la Guardia Civil.

 

 

 


Mons. Piero Pioppo preside la Eucaristía
en templo parroquial dedicado a san Nicolás de Bari.

 

 

 

España no se entiende sin su historia

Monseñor Piero Pioppo, en las palabras iniciales de agradecimiento al recibir la llave de la villa en el salón de plenos del Ayuntamiento, recordó que España no se entiende sin su historia y que en esa historia está la reina, cuyas decisiones trascendieron los límites de la España de entonces para llegar al Nuevo Mundo, incluso a su tierra natal, la del Nuncio, en la Italia que entonces no era Italia.

La sencilla misa, concelebrada por los obispos, por el párroco del lugar, por el director de la Comisión del Cusa de Beatificación, José Luis Rubio Willen, fue una misa, bien preparada por los fieles de Madrigal, como si fuera una misa de fiesta de un pueblo de esa Castilla que no defrauda.

 

 

 


María Isabel Blanco Llamas, Jesús del Campo Espinosa,
Mons. Piero Pioppo, Jesús Rico y Jesús García Burillo.

 

 

 

“Sanando a tanta humanidad en Castilla, en España y en el Nuevo Mundo”

Y llegó la homilía. El señor Nuncio, de ademanes solemnes a la altura de la dignidad propia de la liturgia de la Iglesia, leyó con voz clara y firme una homilía en la que recordó que “la Reina Isabel, que desde esta su cuna natal, por misteriosos designios de la Providencia, supo ponerse al servicio del Señor y de la Santa Iglesia, nuestra Madre, y con su vida, palabras, decisiones, acciones, permitir a Cristo resucitado pasar beneficiando y sanando a tanta humanidad en Castilla, en España y en el Nuevo Mundo, infundiendo esperanza, dando fuerza y constancia, llenando de alegría y de esperanza los corazones de todos”.

“No por caso -continuó- el recordado Papa Francisco subrayaba la actuación de Isabel como levantadora de la dignidad humana y capaz de presentar de cara a la condición humana, esclava del pecado, de tantas miserias, cito el Papa Francisco, del que ayer hemos celebrado el primer aniversario, recordándolo con afecto y con amor de su piadoso tránsito. El Papa Francisco decía que la Reina Isabel supo presentar soluciones valientes, innovadoras y firmes, reivindicando los derechos fundamentales de los hombres y mujeres de su tiempo, por supuesto, de forma proactiva e integral”.

 

Las lecciones que nos enseña la reina Isabel

Entre mensajes de teología pascual, monseñor Pioppo recordó que “Isabel destacó por su vida, en su vida y en su prudencia, por su piedad y por su sentido admirable de justicia. Una de las características más importantes de la reina Isabel fue su devoción, y su vivencia eucarística, al santísimo sacramento del altar, porque decía, ‘es cosa de servicio de Dios, que todo cristiano debe procurar’. Qué palabras más lindas estas para nosotros, que no por nuestros méritos, en diversos y diferentes estamentos, somos constituidos al servicio”.

Monseñor Piero Pioppo iba desgranando retazos de la vida de Isabel como si fueran el testimonio de esa pascua que representó su existencia. “La reina Isabel -dijo-, madre de familia en el seno del hogar y mujer de gobierno en el reino de España, nos proporciona lecciones bien actuales. Nos enseña sabiduría para una ciudadanía cristiana que ejercita sus derechos y obligaciones de cara al bien común y que encuentra en el sagrario la fuerza para una tarea abnegada en la que se implica con generosidad la propia existencia. Que la celebración de estos santos misterios nos otorgue con amplitud a nosotros y a todos los pueblos hermanos siempre este don capital del cielo”.

 

 

 


Mons. Piero Pioppo, el obispo de Ávila, Jesús Rico García,
y el obispo emérito, Jesús García Burillo,
en la pila bautismal de Isabel la Católica.

 

 

 

Procesión a la pila bautismal

Terminada la eucaristía, una breve procesión para besar la pila bautismal que abrió el reino del cielo al reino de la tierra en la vida de Isabel. Una admonición y un silencio agradecido, contemplando la historia, a la espera de que se cumpla el sueño de ver pronto en los altares a quien ya está coronada en el corazón del pueblo fiel.

Como me dijo una señora, dama de Isabel, devota suya, el cielo no se abre con historia, con el estudio, las razones y los argumentos de la historia, sino con la oración. La oración en favor de la Causa de Isabel, que es la del Evangelio. Para dar fe de esa Causa, Madrigal de las Altas Torres lo certifica.