Tribunas
16/03/2026
Ya sabemos de qué va lo de Belorado
José Francisco Serrano Oceja
María Roser Más increpa al periodista de ABC,
José Ramón Navarro Pareja.

El diálogo que la exreligiosa, vestida de medio hábito, María Roser Más, mantiene con el periodista del ABC, José Ramón Navarro Pareja, uno de los profesionales más acreditados de la información religiosa en España, cuando se fugaba con nocturnidad y alevosía de su casa madre, nos ha dejado claro de qué iba esta historia de Belorado.
Una conversación entre kafkiana, surrealista y delirante, en la que a la exmonja se le escapa un demonio por detrás. La amenaza al periodista, porque éste descubrió el enésimo pastel de la astracanada, parecía de serie b, no llegaba ni al género noir.
La clave de toda esta historia, que probablemente solo pueda ocurrir en la España de “El Caso”, es de fondo. Es la compleja relación que estas señoras de Belorado, porque no voy a decir señoritas, han tenido y tienen con la verdad.
Ahora se entiende lo anterior. Pero, en este aquí y ahora, ya no tienen sólo un problema con la verdad, lo tienen con la justicia. Con toda probabilidad con la justicia penal.
Cuando la ex monja, lo podemos ver en el vídeo colgado en la web del ABC, pretende que el periodista se marche de allí, le acusa de ser un “maltratador” y le dice que “no salgo de aquí y te doy una torta por respeto”, está destapando el pastel, la tarta y los bombones del Belorado show.
En cinco segundo pasa de predicar a Cristo pobre y humilde, según la regla de san Francisco, a prometerle una soflama de leches, por no decir otra cosa. Esos cambios repentinos sólo pueden ser debidos a la influencia de alguien o de algo.
No es que yo quiera dar ideas. No sé cuánto vamos a tardar en ver a esta excelente actora del drama de una comunidad religiosa que se ha destruido a si misma en los platós de televisión. Aunque ahora las tarifas de antena en televisión están muy bajas, pudiera ser una fuente de financiación para su enésima aventura. Porque entiendo que de algo tendrán que vivir.
Tendríamos que volver a los orígenes de esta burda burla de lo sagrado, que representa lo que están haciendo con la imagen de la vida consagrada. El cisma lo fue por un problema con la verdad. Las salidas de varias religiosas, el empecinamiento de las que se mantienen, la influencia de una superiora digna de un estudio a fondo de esos multidisciplinares, las idas y venidas entre cuidado de animales, fabadas asturianas y obispos y curas herejes, cismáticos y excomulgados, no es más que un ejercicio de sostenella y no enmendalla, porque no ha afrontado su problema con la verdad.
Que Dios es misericordioso y que lo perdona todo, es evidente. Pero que nos ha invitado a la verdad y a la justicia, basada en la verdad, también. Dado que están fuera de la Iglesia católica, no sé aún en qué Iglesia están, el derecho canónico católico les importa un bledo. Reparación y penitencia. Por cierto, que yo sepa no han ganado ni uno sólo de los procesos en los que estaban implicadas.
Si algún día pensaron ser Port Royal, que mediten lo que queda de aquella aventura. Como recordé en otro momento, en 1709 las últimas veinticinco monjas de Port-Royal fueron expulsadas por la autoridad pública. En 1710 se hizo desaparecer todo rastro del cisma. Los edificios fueron derruidos, el lugar de la capilla convertido en una ciénaga y hasta las cenizas de los muertos dispersadas.
Ni el recordado Jiménez Lozano mejoraría el guión de su drama en una nueva canción de Otoño. Belorado, punto y final, y a criar marmotas.
Ya dijo Ratzinger que la religión no está exenta de patologías.
José Francisco Serrano Oceja