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Que nos aclaren, por favor, la función de la Pontificia Academia Mariana Internacional
El Vaticano acaba de anunciar la aprobación de un nuevo estatuto para la Pontificia Academia Mariana Internacional (PAMI), con el objetivo de adecuar sus normas internas.
09/02/26 | Zenón de Elea
Foto que aparece en la web de la
Pontificia Academia Mariana Internacional.
Lo ha hecho mediante un rescripto en el que el papa León XIV da luz verde a este texto actualizado de una institución creada en 1946 por la Orden de los Frailes Menores para “promover y coordinar los estudios mariológicos y marianos en todo el mundo”. Hasta aquí, todo correcto.
El problema es que, más allá de esta formulación general, muchos no sabemos muy bien qué hace hoy la PAMI, para qué sirve concretamente y cuál es su papel real en la vida de la Iglesia.
Lo digo con franqueza: a mí, al menos, no me queda nada claro. Y no creo ser el único. Basta visitar su página web para comprobar que la información es escasa, poco pedagógica y, desde luego, insuficiente para una institución que se presenta como referente mundial en estudios marianos.
En una Iglesia que habla constantemente de transparencia, de sinodalidad y del famoso “todos, todos, todos”, resulta llamativo que un organismo pontificio de este calibre sea tan poco informativo para el común de los fieles.
Mi extrañeza aumentó notablemente el pasado noviembre, cuando el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó una nota doctrinal sobre los títulos marianos, en particular sobre el uso del término “corredentora” aplicado a la Virgen María.
La nota, aprobada por León XIV, pretendía aclarar qué apelativos deben usarse para Nuestra Señora y cuáles no. El documento provocó una notable polémica y dejó perplejos a no pocos cristianos y mariologistas, es decir, a estudiosos y teólogos especializados precisamente en María.
Pues bien, en medio de ese debate, tan sensible y tan directamente relacionado con la mariología, la Pontificia Academia Mariana Internacional guardó silencio. Un silencio clamoroso. Ni una explicación, ni un matiz, ni una reflexión académica, ni una palabra de acompañamiento a los fieles desconcertados. Nada. Y uno se pregunta inevitablemente: si no es en momentos como este cuando debe hablar la PAMI, ¿cuándo? Me imaginé que ellos pensarían que estaba todo dicho con la nota de Doctrina de la Fe.
Pero hete aquí, que la PAMI no habló pero si lo hizo la Comisión Teológica de la Asociación Mariana Internacional (IMA) y se pronunció con claridad y buen criterio, tal y como publicó Religión Confidencial.
Esta comisión respondió a la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe afirmando algo que muchos consideran de puro sentido teológico: “El uso legítimo de Corredentora no equivale a reemplazar a Cristo”. Una respuesta razonada, serena y profundamente católica. Mientras tanto, la PAMI seguía —y sigue— desaparecida en combate.
No pretendo enfrentar instituciones ni alimentar sospechas, sino plantear una pregunta legítima: ¿cuál es exactamente la función de la Pontificia Academia Mariana Internacional? ¿Es solo un foro académico interno, desconectado de las inquietudes reales de los fieles? ¿O aspira a ser un verdadero órgano de referencia, capaz de iluminar, orientar y ayudar a comprender mejor la doctrina mariana en tiempos de confusión?
En esta era de la transparencia proclamada, de la sinodalidad practicada —al menos en teoría—, muchos creemos que ha llegado el momento de que la PAMI explique claramente qué hace, qué dice y qué investiga.
Ojalá pudiera convertirse, además, en un auténtico órgano de consulta para las dudas de los fieles, un puente entre la reflexión teológica y la fe vivida del pueblo cristiano.