Valer y valor

 

 

09/02/2026 | por Grupo Areópago


 

 

 

 

 

 

En el año 2007 Ángel Diaz de Rada Brun, antropólogo y catedrático de Etnografía en la UNED, publica en la revista ¨Antropología Social y Cultural¨ un influyente artículo con el nombre ¨Valer y valor¨ en el que explora el concepto valor en la comunidad educativa en particular y en la sociedad en general. Su teoría lejos de adscribirse al ámbito académico supone una explicación magistral de las dinámicas e interacciones sociales del mundo que nos rodea.

En la sociedad en la que nos ha tocado vivir ¨todo vale¨. El individualismo nos ha convertido en sujetos, borrando de nuestro actuar la idea de persona. Así, no nos preocupamos de ceder el asiento a una persona mayor en el transporte público o de socorrer a alguien que nos pide una limosna. Simplemente son comportamientos que ¨valen¨. El globalismo ha interconectado nuestro mundo, lo cual ha supuesto enormes ventajas en el comercio y la economía, pero ha traído cambios de vida desgarradores en millones de personas que han visto como sus formas de existencia desaparecían. En post del progreso y el beneficio, de nuevo, vuelve a ¨valer¨. El tecnicismo ha introducido la tecnología y la ciencia en nuestra cotidianidad. Si bien es cierto que el conocimiento, el saber y la investigación han servido para mejorar la calidad de vida de las personas, no lo es menos que se han convertido en religión oficial de una sociedad descreída y atea. También ¨vale¨, la razón, ante todo. El secularismo que promueve como ¨modus operandi¨ una sociedad en la que la religión no posea un papel dominante ha relegado a Dios a la habitación abandonada de la casa, aquella a la que únicamente accedemos cuando necesitamos algo, llámense sacramentos urgentes, llámense fe a medida. Y ¿por qué no ha de ¨valer¨ esto también?

El planteamiento de Diaz de Rada parte del hecho de que tras el éxito del ¨valer¨ lo único que se esconde es la crisis del valor. La importancia, el mérito que se le da a una cosa en relación con las demás se diluye en un océano de fragilidad. Una ¨sociedad líquida¨, dirá Zygmunt Bauman, una sociedad contemporánea que se escapa entre los dedos de la mano en la que la incertidumbre es la nota dominante y en la que todo vale menos los valores.

Aún así, debemos mantenernos firmes. Abandonar los principios éticos más elementales, no vale. Permitir el enriquecimiento desmedido de determinados países en detrimento de otros sin medidas políticas ni legales, tampoco. Convertir la ciencia, aunque tenga mucho de fe, en dogma de la misma, tampoco. Y por supuesto, bautizar a un niño y no aparecer por la Parroquia hasta el día de su Primera Comunión, pues tampoco. Simplemente, cuando hablamos de valores, no todo vale.

Los valores son los elementos más importantes la esencia de una persona. Nos configuran individualmente y nos hacen convivir en comunidad. Son el legado que aquellos que nos preceden nos otorgan y nuestro deber es fomentarlo y trasmitirlo. El respeto, la honestidad, la justicia, la responsabilidad, la solidaridad, la integridad, la gratitud nunca pueden confundirse con el egoísmo, la apatía, la intransigencia o el desengaño. Luchemos por que el ¨valor valga¨.

 

 

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