Colaboraciones

 

Resumen de algunas de las características de la Escuela de Salamanca. Teólogos, filósofos, moralistas, juristas… que la integraban

 

 

 

22 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


Clase en la Universidad de Salamanca

 

 

 

 

 

- Se trata de un nuevo método teológico que pretende equilibrar la teología positiva y la especulativa; del humanismo se toma el giro hacia las fuentes, pero de la escolástica el carácter de la teología como ciencia de la fe, la relación de la fe con la razón y la integración eclesiástica de la teología, es decir, la adscripción a una comunidad y tradición de fe.

 

- La tradición escolástica, e incluso los escritos de Tomás de Aquino, no se leen o comentan de forma «doctrinaria», como si tuvieran el carácter de la Sagrada Escritura; se trata más bien de un tomismo creativo e innovador que se orienta hacia Tomás y al mismo tiempo se toma la libertad de contradecirlo si es necesario.

 

- Se trata de una teología con una sensibilidad especial para las cuestiones de la época en la Iglesia y el Estado: cuestiones centrales de las controversias del siglo XVI como la relación entre naturaleza y gracia, el papel de la Sagrada Escritura o el significado de la eucaristía se tratan igual que las relativas al poder del Papa y los concilios, la legitimidad del dominio español en el Nuevo Mundo, la guerra justa y el derecho de resistencia, la magia y la religiosidad popular o el orden económico correcto. En todas las cuestiones de conciencia de la época, los teólogos escolásticos reivindican su autoridad doctrinal. Vitoria lo expresa así al comienzo de su relección De potestate civilide 1528: «El oficio y cometido del teólogo abarca tanto que ningún argumento, ninguna controversia, ningún asunto parecen quedar fuera de la profesión y objeto de atención del teólogo». Pues la teología era para él «la primera de todas las disciplinas y estudios en el mundo». Cano lo dice así: «La ciencia teo-lógica, aunque principalmente verse sobre Dios mismo, se ocupa no obstante muchísimo de los hombres y de los asuntos humanos». Esta sensibilidad por las cuestiones de la época procede, por una parte, de la concentración en el comentario de la II-II de la Summa Theologica de Santo Tomás y, por otra, del kairós del siglo XVI: la teología no podía sustraerse a ciertas cuestiones y las demás ciencias (filosofía, historia, politología y economía) aún no se habían emancipado de ella para poder tratarlas de forma secular.

 

- Se trata de una teología que, con toda su atención a Tomás de Aquino, abandona la estructura de la quaestio y se acomoda al gusto humanista del Renacimiento: dividiendo las obras en libros y capítulos que estructuran mejor la materia, y esforzándose por un latín culto y un estilo fluido, salpicado de referencias a la Sagrada Escritura y a las demás autoridades de la teología católica, pero también a autores de la antigüedad pagana. Sin embargo, los teólogos de Salamanca no son humanistas en el sentido del humanismo «filológico» de estudiar el texto bíblico o los Padres de la Iglesia en las lenguas originales y corregir malas traducciones e interpretaciones.

 

- Y, por último, se trata de una teología que tiene que posicionarse en el mundo católico del siglo XVI, especialmente en España, y que solo llega a una metodología madura tras el giro espiritual de la década de 1550 con la obra De locis theologicis (1563) de Melchor Cano.

 

Pertenecen a la Escuela de Salamanca filósofos y teólogos de diversas órdenes religiosas, si bien con predominio de la Orden de los Predicadores; así, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Domingo Báñez y Tomás de Mercado (adscrito a la corriente de pensamiento político y económico denominada arbitrismo, precursora del mercantilismo en Europa), dominicos; Francisco Zumel, mercedario; Francisco de Toledo y Gregorio de Valencia, jesuitas. Francisco Suárez estudió en la Universidad de Salamanca y fue profesor en el Colegio jesuita.

Pertenecientes a distintas órdenes religiosas (dominicos, agustinos, jesuitas), en la proyección internacional de la Escuela Española descuellan Francisco de Vitoria (teólogo, escritor de doctrina política y jurista), Juan de Mariana (teólogo, escritor de doctrina política, historiador y economista), Francisco Suárez (Doctor Eximius et Pius, filósofo y teólogo), Domingo de Soto (teólogo, jurista, filósofo y confesor real), Diego de Covarrubias (humanista, jurista, teólogo, historiador y filólogo), Martín de Azpilcueta (Doctor navarro, economista, jurisconsulto y teólogo), Tomás de Mercado (teólogo moralista y economista), Melchor Cano (filósofo y teólogo renovador de la Teología tomista), Luis de Molina (filósofo, teólogo y jurista), Pedro de Valencia (humanista, hebraísta, crítico literario, filósofo, traductor, historiador y cronista de Felipe III), Juan de Salas (jurista, teólogo y economista), Luis Saravia de la Calle (teólogo y economista) y Juan de Lugo (teólogo, académico y cardenal).

Estuvo integrada por teólogos, filósofos, moralistas y juristas, cada docente impartiendo su materia con independencia del grupo constituido, pero, a la vez, vinculado a un conjunto y a un proyecto con trascendencia en el ámbito académico. Estos maestros de sus respectivas especialidades impartieron su magisterio en diversas universidades españolas, aunque fue en la de Salamanca donde enseñaron más tiempo y donde obtuvieron mayor repercusión.

Los doctores de la Escuela de Salamanca sentaron las bases del pensamiento económico moderno instituyendo mediante la práctica el método de la teoría económica que parte de la persona que actúa, de sus objetivos, de su libertad moral, de sus limitaciones y restricciones.

Gracias a los estudios de los últimos años, la Escuela de Salamanca ha dejado de ser esa gran desconocida de la historia del pensamiento español. Con ello se ha ganado también precisión sobre qué se entienda por Escuela de Salamanca, algo solidario con la comprensión de su carácter específico y sus integrantes. Los temas de «moral» y «política» que sus autores iluminaron dándoles una fundamentación teológica y filosófica, siguen siendo una propuesta interesante, no solo para comprender la historia de las ideas, sino como propuesta sistemática con la que considerar la temática señalada.