Colaboraciones

 

La obra de la Escuela de Salamanca

 

 

 

13 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


Clase en la Universidad de Salamanca

 

 

 

 

 

Es importante anotar la renovación teológica, filosófica, económica y jurídica que llevó a cabo la llamada Escuela de Salamanca en el siglo XVI, que es una obra que hicieron personas concretas y, posteriormente, la historia ha encontrado en ellos un espíritu común, una misma metodología y una apertura de mente semejante. Lo que hicieron Francisco de Vitoria (del capítulo provincial de 1525, obtuvo el nombramiento de maestro en Sagrada Teología. El maestro salmantino falleció en el convento de san Esteban donde reposan sus restos.), Domingo de Soto (quien llevó adelante una tarea editorial mucho más completa que Vitoria, publicando un buen número de libros para que la Escuela de Salamanca quedara asentada sólidamente), Melchor Cano (1509-1560), Diego de Covarrubias, Juan de Medina, Domingo Báñez, y un sinfín de autores, fue leer directamente a santo Tomás, actualizar su enseñanza y aplicarla a los problemas doctrinales de su tiempo. Para ello, como el Aquinate, buscaron un equilibrio entre fe y razón. Y, sobre todo, estudiando la tradición viva de la Iglesia, es decir, las fuentes de la revelación cristiana: la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, a la luz de los padres de la Iglesia oriental y occidental, siempre en continuidad con el magisterio de la Iglesia.

La revolución teológica y jurídica de la dignidad de la persona humana que brota de esa vuelta a las fuentes fue sencillamente espectacular, pues la antropología cristiana renovada terminó por incidir en todos los ámbitos de la vida civil y eclesiástica.

La Escuela de Salamanca, Escuela Ibérica, o Escolástica humanista del XVI en España y América, se caracterizará por ser una verdadera filosofía de la vida, un método teológico, una visión práctica y sólidamente asentada de la revelación cristiana, en el momento del humanismo y del renacimiento.

Especialmente, destacamos la clara conciencia de la dignidad de la persona humana, la sincera piedad, la honradez y el rigor jurídico.